Plan de Pastoral

 

 

Encontrar el tesoro de la vida. Encontrar a Cristo como el tesoro por el que venderías cualquier cosa, por el que las renuncias son ínfimas comparadas con las ganancias. Encontrar en lo más profundo del corazón el tesoro desde el que cualquier camino es posible, si en ese camino es la vida lo que vas entregando. Encontrar lo que buscabas, al fin y al cabo. Esto te propusimos el año pasado... y aceptaste.

Es el momento de continuar. ¿Continuar? Pero, ¿no había encontrado ya lo que buscaba?

Atento, Francisco te da la clave:

“Comencemos, hermanos, que hasta ahora poco o nada hemos hecho”

 

Y es que el encuentro con Jesús nos lanza a la misión. Pues eso, la misión, esto es lo que te espera, nos espera. ¿Recuerdas el relato de la Transfiguración? Te refresco la memoria. Jesús llamó a los más íntimos de entre los suyos (Santiago, Pedro y Juan) y los llevó al monte (el lugar donde se va siempre Jesús para orar). Y allí se muestra ante ellos como Dios, es allí donde se da el encuentro más profundo con su maestro. Y claro, ¿para qué más si ya han encontrado el tesoro de sus vidas? “¡Qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas”. Pero no. Jesús les dice que no digan nada de los que han visto, por el contrario “bajan” de nuevo para encontrarse con la gente, en especial con aquellos que nadie quiere, los más “pequeños”.

Este año te invitamos a que “no te quedes a gusto en el encuentro íntimo con Jesús” sino que te pongas manos a la obra para entrar de lleno entre las gentes, hacer milagros, para curar los males de la sociedad y echar de la vida de las gentes aquello que les está privando de vida y libertad. ¡HAZLO POSIBLE!

Pero no olvides que no es iniciativa tuya: es Jesús quien te envía. Por eso puedes estar convencido de que ciertamente es posible.

Volvamos a las palabras de Francisco... “comencemos, hermanos, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”. Podía haber dicho: “comienza, Francisco, porque hasta ahora poco o nada has hecho”, pero si algo tenía Francisco claro era que solo unido a otros era posible llevar a cabo la misión a la que Jesús le enviaba.

“Hermanos”, aquellos que también han encontrado el tesoro de sus vidas en Cristo. “Hermanos”, aquellos que, pudiéndose quedar “a gusto en el encuentro íntimo con Jesús”, deciden “bajar” para estar con las gentes. “Hermanos”, hombres y mujeres que saben que solos no pueden, pero que unidos es posible. Hombres y mujeres que, conscientes de su pobreza, desean dar lo que son (y tienen) para que sumado a lo que otros son (y tienen) lleven el mensaje de salvación del Evangelio allá donde estén.

Aquellos que como Francisco saben que queda mucho por hacer.

 No hay espacio para la duda, la llamada está clara: ¡HAZLO POSIBLE! La invitación a salir para vivir la misión con contundencia, con claridad, con dinamismo. ¿Cómo? UNIDOS, contando con otros, juntando tus dones con los dones del que tienes cerca y uniendo tus manos a las manos de otros. Como Jesús que contó con los apóstoles. Como Francisco que contó con “hermanos”. Como tantos y tantos franciscanos desde entonces que nunca nunca iban solos.

Se ha cambiado la palabra MÁS con el símbolo +. Y el símbolo + es también una cruz, por lo tanto: unidos somos Cristo.

Porque la misión siempre es anunciar el Evangelio. Porque anunciar el Evangelio es vivir la vida de Cristo. Y vivir la vida de Cristo es “humanizar el mundo”, devolver la dignidad a quienes se la han arrebatado, liberar de tantos “espíritus inmundos” a los hombres y mujeres de hoy, levantar a los que “andan arrastrados por la vida”, comer-compartir-vivir con los que nadie quiere... ser Cristo en el mundo.

Por eso, ¿qué mejor manera de representar la misión que con una cruz? ¡Y no cualquier cruz! La TAU, la cruz propiamente franciscana. Porque el Espíritu nos ha  regalado un modo concreto de ser Cristo en el mundo.

Y una TAU, una misión que se va formando de pequeñas piezas que solas no son nada pero unidas, en el lugar adecuado, van configurando el rostro de Cristo en el mundo. Piezas que son gestos concretos, que son pequeñas misiones, que son pequeñas acciones, que son pequeños dones... porque UNIDOS SON +, es decir, son Cristo.

Y además cada pieza es de un color. Podrían haber sido todas del mismo color, hubiera quedado “más armónico” pero no se trata de eso. Se trata de “estar unidos en la diversidad” y de que cada uno aporte aquello desde su originalidad (porque hemos sido creados como personas únicas e irrepetibles).

Piezas que encajan perfectamente, que puestas en el lugar adecuado forman la cruz, a Cristo, la misión. Pero si no están donde tienen que estar formarán cualquier cosa, pero no aquello que están llamados a formar. He aquí un gran reto.

Y una TAU que no está aún terminada... ¡queda tanto por hacer!

Pues eso, queda mucho por hacer. Todas las piezas son bienvenidas, vengan de donde vengan y vengan de quien vengan... solo hay que reconocer a Jesús como el tesoro de la vida y “querer bajar” al mundo para entregarse.

De ahí las manos, manos de distinto color, de distintas edades,  sensibilidades y que aparecen de distintos sitios del cartel. Y cada una de ellas dispuesta a aportar aquello que tienen para hacer realidad la misión.

¡Pero también hay piezas a la espera de ser reubicadas! Siempre faltan manos porque aún hay mucha gente que no ha encontrado el tesoro de su vida o que, habiéndolo encontrado, aún están “en la tienda, a gusto” sin atreverse a salir a vivir la misión.